viernes, 17 de junio de 2011

Sorpresas de media noche. Blackbird fly

I'll take your broken wings, and learn to sing

All your life, you were only waiting for this moment to arise...

Blackbird fly, into the light of a black dark night.


... All my life, I've been only waiting for this moment to arise ... blackbird fly

sábado, 21 de mayo de 2011

El ave de Tita y las premoniciones heredadas

Ayer soñé contigo, Tita. Estabamos en un jardín lindo y curvo, 
con hojas que crecían lentamente ante nuestros ojos, mientras 
caminabamos con complicidad muda y contemplativa.

De repente, un alud de oscuridad y polvo estelar nos mandaba a una casa polvosa y llena de escombros. Cuando te despabilabas, -así como dices tú. Así como haces tú cuando alejas al dolor y la complicada soledad del enfermo-, salías aprisa y la luz lo llenaba todo.

Desde la puerta, me llamabas ¡Anita, mira, ven! y mientras sostenías en tu mano lo que para mi parecía una bestia con  pico anaranjado y alas tornasol. Esta es un pájaro del buen agüero, su pico de calabaza y sus alas de tela brillosa están aquí para nosotras, explicabas mientras lo acariciabas y transformabas en un ave grande, hermosa y cariñosa.

Nos estuvimos un buen rato así: Yo mirandote perder el miedo, y  tú acariciando y cuidando al extraño presagio que hermoso y dócil te respondía como los canarios que un día llenaron el patio de tu casa con cantos y jolgorios. De repente, el ave voló y tú junto con ella.

Ahora es de mañana y tú sigues mala. No sabemos qué pasará, pero sí que no queremos que sufras más.

En el jardín de la casa se escuchan un par de canarios. Me viene la melancolía y pienso tanto en ti (Acá no hay de esos Tita, por la mañana sólo pasa una parbada de loros desordenados y ruidosos y por las tardes, un aguila pía solitaria desde algún árbol de por aquí); pienso que quizá tenías razón, que además del amor al dulce, a los elotes asados y la devoción a todos los santos y a uno mismo, compartimos el don del adios. 

Por eso, quiero ir a verte y repetirte muchas veces que te quiero y que a donde vayamos estaremos acompañadas. Si te vas lejos y te -me- da miedo, pensaré en tus enseñanzas, en Santa Teresa y repetiré junto a ti:

Nada te turbe, nada te espante,
Todo se pasa en un instante.
La paciencia todo lo alcanza, 
a quien Dios tiene, nada le falta.

Te quiero Titina (por si esa ave ha logrado hacerte pasar sobre este instante)

miércoles, 2 de marzo de 2011

Dichoso tú, tatic Samuel, que hoy disfrutas de la recompensa de los justos...Homenaje tardío a Samuel Ruiz y a todos los que siguen siendo ejemplos

Últimamente, entre todo lo que leo y escucho me queda la amarga sensación de que la justicia ha escapado. En el afán de acotar y poner definiciones a todo, hemos perdido el sentido de lo que era la justicia. Y digo perdimos, porque ahí cabe la indiferencia que a diario disfrazamos de resignación.

Perdimos a la justicia ante las leyes que decretaron que la muerte de más de 30 niños en una Guardería que operaba sin medidas óptimas de funcioamiento ni de protección civil, como "un accidente". Cuando la confesión de un asesino, no bastó para ser condenado sólo porque no se hizo "dentro del procedimiento". Cuando las investigaciones señalan a un culpable falso que no pudo "comprar" la ley que lo dejaría libre. O Cuando la concordia decidió reculara y cambiar la "estabilidad nacional" por falsos conceptos de igualdad, ante los acuerdos trabajados con plomo y sangre en aquel Chiapas de 1994. 

Sin embargo, la justicia no se va. Le sobrevive a sus muertos, como el tatic Samuel Ruiz, o Marisela Escobedo, o todos los Reyes Salazar. La justicia permanece entre quienes se mantienen files a sí mismos y resucita entre quienes nos mantenemos con su ejemplo: La justicia puede quedar oculta entre las leyes, pero no entre quienes dejan en ella el espíritu.

Por eso, coincido totalmente con Raúl Vera: 

Dichosos los justos, porque de ellos es el reino de los cielos 

Y al decirlo, recuerdo: 

Los recortes de periódico e  historias con cariño la tía Nati guardaba para mí; la explotación que estalló en el pulmón del Cucho; a Samuel compartiendo "ojos de pancha" con Manuela y los niños; las miradas escondidas de los niños de azucar, en Xalisco; las veladoras colocadas prematuramente en nuestro monumento a la Independencia, todas pertenecientes a pequeños ángeles que no debían morir en un infierno de Sonora; a Manuel presumiendo desde San Cris que terminó la prepa y se dispone a caminar sin olvidar aquel diciembre de 2007 en Acetal; a las viudas de Pasta de Conchos, quienes no dejaron la resignación atrapada en la mina; a Isabel, que mantuvo el amor antes que la venganza para atrapar a los secuestradores de Hugo; a los cantos de Las Abejas, que recuerdan al mundo una tragedia para no repetirla jamás; a Marisela, cuyo llanto y desesperación son la peor condena a un sistema y sus ejecutores, por limitarse a seguir un procedimiento y liberar al asesino; a los Reyes Salazar, quienes desempolvando el sentido de familia y lucha, divididos entre el reino de los cielos y el valle de la impunidad, nos llaman a muchos a decir ¡basta! 


Así que, sin más y tardiamente, la homilía de Raúl Vera en homenaje a Samuel Ruiz, y prematura o tardiamente a todos aquellos que nos han demostrado que el espiritu no se puede callar, que la justicia tarda pero llega, y que han sabido reconocer a dios y a ellos mismos en todos, porque saben que otro mundo es posible.

miércoles, 16 de febrero de 2011

15 de febrero

Quise marcarte a algún número para felicitarte, pero resulta que hablar contigo es más fácil de lo que pensé.

Te extraño. Feliz cumple, Abue.