miércoles, 2 de marzo de 2011

Dichoso tú, tatic Samuel, que hoy disfrutas de la recompensa de los justos...Homenaje tardío a Samuel Ruiz y a todos los que siguen siendo ejemplos

Últimamente, entre todo lo que leo y escucho me queda la amarga sensación de que la justicia ha escapado. En el afán de acotar y poner definiciones a todo, hemos perdido el sentido de lo que era la justicia. Y digo perdimos, porque ahí cabe la indiferencia que a diario disfrazamos de resignación.

Perdimos a la justicia ante las leyes que decretaron que la muerte de más de 30 niños en una Guardería que operaba sin medidas óptimas de funcioamiento ni de protección civil, como "un accidente". Cuando la confesión de un asesino, no bastó para ser condenado sólo porque no se hizo "dentro del procedimiento". Cuando las investigaciones señalan a un culpable falso que no pudo "comprar" la ley que lo dejaría libre. O Cuando la concordia decidió reculara y cambiar la "estabilidad nacional" por falsos conceptos de igualdad, ante los acuerdos trabajados con plomo y sangre en aquel Chiapas de 1994. 

Sin embargo, la justicia no se va. Le sobrevive a sus muertos, como el tatic Samuel Ruiz, o Marisela Escobedo, o todos los Reyes Salazar. La justicia permanece entre quienes se mantienen files a sí mismos y resucita entre quienes nos mantenemos con su ejemplo: La justicia puede quedar oculta entre las leyes, pero no entre quienes dejan en ella el espíritu.

Por eso, coincido totalmente con Raúl Vera: 

Dichosos los justos, porque de ellos es el reino de los cielos 

Y al decirlo, recuerdo: 

Los recortes de periódico e  historias con cariño la tía Nati guardaba para mí; la explotación que estalló en el pulmón del Cucho; a Samuel compartiendo "ojos de pancha" con Manuela y los niños; las miradas escondidas de los niños de azucar, en Xalisco; las veladoras colocadas prematuramente en nuestro monumento a la Independencia, todas pertenecientes a pequeños ángeles que no debían morir en un infierno de Sonora; a Manuel presumiendo desde San Cris que terminó la prepa y se dispone a caminar sin olvidar aquel diciembre de 2007 en Acetal; a las viudas de Pasta de Conchos, quienes no dejaron la resignación atrapada en la mina; a Isabel, que mantuvo el amor antes que la venganza para atrapar a los secuestradores de Hugo; a los cantos de Las Abejas, que recuerdan al mundo una tragedia para no repetirla jamás; a Marisela, cuyo llanto y desesperación son la peor condena a un sistema y sus ejecutores, por limitarse a seguir un procedimiento y liberar al asesino; a los Reyes Salazar, quienes desempolvando el sentido de familia y lucha, divididos entre el reino de los cielos y el valle de la impunidad, nos llaman a muchos a decir ¡basta! 


Así que, sin más y tardiamente, la homilía de Raúl Vera en homenaje a Samuel Ruiz, y prematura o tardiamente a todos aquellos que nos han demostrado que el espiritu no se puede callar, que la justicia tarda pero llega, y que han sabido reconocer a dios y a ellos mismos en todos, porque saben que otro mundo es posible.