Por extraño que parezca, en Satélite, donde casi siempre brilla el sol, hace un par de semanas cayó una tromba de esas que anuncian el fin del mundo. Ese día, el cuarto de lavado - bodega, cava, archivo, pinacoteca, y recuerdoteca- se inundó en un santiamén, desbordando más que agua a través de sus cajas y paredes.
Ante tal catástrofe, descubrí que el agua es necía y se cuela por donde puede, como los recuerdos, y que secar una inundación es casi lo mismo a sobrevivir a una crisis de nostalgia.
He aquí los pasos a seguir (por favor, anoten los que me hayan faltado o completen alguno si así lo consideran):
1. Identificar el origen de la fuga, detenerla y comenzar a secar. Sacar agua como se puede y por donde se pueda: Barrer, berrerar, jalar, aspirar, suspirar y secar toda el agua derramada hasta por los ojos, para que quede relativamente seco como para ver con orden y claridad.
2. Remover cajas y recuerdos. Hay que comenzar a organizarlo todo, llevarlo a terrenos más secos y seguros. Pero ojo, trasladar cosas de un lugar a otro en terreno resbaloso, puede provocar caídas libres y sin manos. De ser el caso, hay que comprobar movimientos y signos vitales, maldecir si es necesario, escurrirse el agua, tomar aire y levantarse de nuevo. La vida y el caos siguen ahí siguen, no se van a mover solas.
3. Rescatar lo indispensable. Revisar la memorabilia personal: apuntes, cartas, fotos, libros, recuerdos, visitas, revistas, sueños y promesas y todo lo que uno cree que vale la pena guardar para no olvidar o para cuando alguien más decida construir una biografia no autorizada. Pero la realidad es que ya somos todo lo que hemos perdido y que como diría mi abuela, lo bien hecho, dura más (si no, pregunten por la lavadora, los muebles y las ollas de antaño. Resistieron como robles).
Durante este proceso de depuración, recordé que amo sociología y que lo mio lo mio, es la gente y vender piñas. Rescaté el corazón rojo de una guerrilla ahogada, la luz de un faro de oriente, el radicalismo y las declaraciones irreverentes en debates sin sentido; la secrecia de recaditos con historias que eran ampliamente conocidas, las mil formas y colores de expresar la amistad, las semillas de un primer gran amor y los pedazos filosos del desamor; la memoria de mis ancenstros en recetas, cuentos y apuntes marxistas; y un puñado de sueños y sustentos que hacen a esta catástrofe un río de agua fresca en medio de un desierto cotidiano.
4. Aprovechar el caos: Reinventar. Si todo nació del caos, como dice la mitología cristiana, hay que comenzar a separar el cielo de la tierra para crear algo mejor; recuepar la escencia y aspirar de nuevo aquel primer soplo de vida del que habla el Popol Vuh, para renacer o crecer. Todo es parte de un proceso y de un ciclo que siempre cambia y sólo se detiene para desaparecer.
5. Agradecer [al final y durante todos las anteriores] . La tragedia nos hace conscientes de que había algo valioso que perder, y en consecuencia, cuidar y apreciar todo aquello que permanece. Se puede agradecer el techo en el que nos resguardamos de la lluvia que se cuela por el piso; la sonrisa melacólica que en su momento fue una carcajada estrendosa; agradecer por aquellos que se han ido, por quienes estpan y por quienes ahí seguirán; por la oportunidad de sobrevivir catástrofes de todo tipo y llenar de vida una cajita y media para hacer más liviano el presente.
Sin comentarios, lo has dicho todo de la mejor manera, me hiciste el dìa :)
ResponderEliminarLo ame!!! Te quiero amiga. AS
ResponderEliminarIIF, que buena onda :) gracias, amigo!
ResponderEliminarAS si en algo ayudo, me doy por bien servida!
ResponderEliminarmuy cierto que la catastrofe te da la oportunidad de reinventarte. me da gusto que hayas recordado la raíz de tus sueños y que en esta vida no hay tiempo que perder...
ResponderEliminarte mando un abrazote!